La penúltima etapa del Camino Francés entre Arzúa y O Pedrouzo es toda una invitación al recogimiento antes de culminar esta inolvidable experiencia de vida.
A tan solo 40 kilómetros de la Plaza del Obradoiro, el camino toca a su fin. La emoción se concentra en las entrañas del peregrino, que se debate entre la nostalgia adelantada de los días que vendrán, con el recuerdo de los paisajes, las dificultades y los amigos encontrados durante la travesía, y la profunda satisfacción de alcanzar por fin Santiago de Compostela, que ya asoma y retumba allí en el horizonte. Tan cerca.
La calma que precede al éxtasis
Los peregrinos del Camino de Santiago Francés, unidos ya desde la etapa anterior a los del Camino Primitivo y el Camino del Norte, afrontan el último esfuerzo para completar su ruta jacobea. Algunos alargan la jornada hasta el Monte do Gozo, ya muy cerca de Santiago. Otros optan por saborear sin prisas esta etapa sencilla y placentera, que discurre por pistas forestales entre bosques de roble y eucalipto, pequeñas aldeas y acogedoras ermitas donde hacer un alto en el camino, dar tregua a los pies cansados y disfrutar un día más del encanto y la gastronomía de la bella Galicia rural.
Una etapa para la devoción y el recogimiento
Uno de los principales atractivos del Camino Francés son sin duda sus templos. Durante esta penúltima etapa de la aventura jacobea, el peregrino se encuentra en cada aldea que atraviesa con multitud de capillas y encantadoras ermitas en las que descansar un rato, alimentar la fe o hacer repaso. La jornada comienza en Arzúa con una breve parada en la Capilla de la Magdalena, templo gótico de sobriedad románica. A pocos kilómetros, en la aldea de As Barrosas, la pequeña Capilla de San Lázaro es una excelente muestra del románico rural gallego.
La aldea de Pregontoño exige una nueva parada para visitar la Ermita de San Paio, pequeño templo de sillería del siglo XVIII. A partir de aquí, la ruta avanza atravesando un buen número de aldeas de resonancia jacobea, como A Peroxa, A Calzada o Ferreiros, hasta alcanzar A Salceda, donde el caminante tiene que hacer una nueva parada para presentar sus respetos ante el memorial dedicado al peregrino fallecido Guillermo Watt. Pero aún habrá de guardarse devoción para una última parada cargada de magia.
Una fuente milagrosa y una gallina autóctona
Tras atravesar más bosques de eucaliptos, reyes del monte en A Coruña, se alcanza la Ermita de Santa Irene, la joya de esta etapa. Construida en el siglo XVII y con un retablo barroco en su interior, este hermoso templo alberga además un mágico secreto.

Antiguamente se creía que las aguas de la fuente barroca ubicada junto a la ermita tenían el poder de erradicar la peste. Hoy, esta fuente conserva su fama por ser capaz de curar los males de los peregrinos e incluso, hay quien lo cree, de otorgarles la eterna juventud.
La etapa aún reserva al peregrino una última sorpresa. Para recuperarse de tanta emoción desbordada, O Pedrouzo le recibe con una delicia autóctona: la gallina de raza piñeira, un delicioso manjar con aires de faisán que le dará las fuerzas necesarias para alcanzar Santiago y culminar una aventura que permanecerá para siempre en su memoria.
Noticia publicada en: https://www.espanafascinante.com/articulo/camino-santiago/etapa-32-camino-frances-arzua-pedrouzco-santiago/20251223152602287963.html
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