Molinaseca, una villa berciana con siglos de historia, destaca por su arquitectura tradicional, su vinculación al Camino de Santiago y un entorno fluvial que la convierte en parada imprescindible
No hace falta caminar cientos de kilómetros para entender por qué miles de peregrinos deciden hacer una pausa en este rincón de León. Basta con detenerse en la entrada de Molinaseca, observar cómo el Puente de los Peregrinos cruza el río Meruelo y dejarse llevar por el susurro de la piedra antigua. Este pueblo leonés ha sido destacado por National Geographic como una de las joyas rurales de Castilla y León. Y es que esta villa condensa historia, arquitectura y naturaleza con un equilibrio admirable.
Molinaseca y el reconocimiento de National Geographic
National Geographic Viajes subraya el valor patrimonial y cultural de esta localidad situada en la comarca de El Bierzo. «Esta villa atravesada por el río Meruelo es la puerta de entrada a la comarca de El Bierzo y forma parte de la ruta del Camino Francés», escribe la autora. El texto resalta su pertenencia a la red de Los Pueblos más Bonitos de España y su declaración como conjunto histórico-artístico, así como su vinculación al linaje de Ramiro Froilaz y al paso de reinas como doña Urraca.
Pero si hay un elemento que da sentido a este reconocimiento, es sin duda su puente: el Puente de los Peregrinos, una obra de sillería con siete bóvedas, tres de ellas más antiguas, que forma parte de los bienes protegidos por la UNESCO como patrimonio del Camino Francés hacia Santiago de Compostela.
Un recorrido entre piedras, fe y hospitalidad
El recorrido por Molinaseca es corto pero denso en historia. La Calle Real, que parte justo al cruzar el puente, ofrece una muestra clara de su arquitectura tradicional: corredores de madera de castaño, cubiertas de pizarra y balcones floridos que parecen detenidos en el tiempo. El visitante encuentra en su caminar lugares de valor como la Casona de Don Pelegrín, hoy convertida en hospedería, donde según la tradición dormía la reina Urraca, o el Palacio de Cangas de Pambley, flanqueado por torres y protegido como Bien de Interés Cultural.
A ello se suman enclaves de fuerte carga simbólica como el Crucero del Santo Cristo, que reafirma la relevancia espiritual de la villa en el mapa jacobeo. Todo en Molinaseca parece hecho para el descanso, la contemplación y la conexión interior, ya sea desde la fe o desde la búsqueda personal del viajero.
Tradición gastronómica y sabores de El Bierzo
En su paso por la Calle Real, el visitante también puede detenerse a probar platos que hablan de la tierra con voz propia. National Geographic destaca propuestas que reflejan la esencia de El Bierzo. Desde el caldo berciano (una receta potente con berzas locales, carne de cerdo y el característico unto) hasta el botillo y la empanada de batallón. Y también hace mención a los vinos de la comarca.
Aunque Molinaseca no tiene mar, el reportaje recomienda en verano su río por ofrecer una experiencia igual de refrescante.
Entre las actividades al aire libre, National Geographic menciona también la ruta a los puentes de Malpaso, estructuras de origen romano que salvan arroyos entre chopos y castaños. Una caminata de 12 kilómetros de dificultad media conecta este paisaje con el pueblo de Riego de Ambrós.
Artículo por Patricia de la Torre publicado en https://www.diariodeleon.es/ocio/destinos/260109/2071763/tesoro-rural-leon-puente-medieval-unesco.html
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