La intervención artística impulsada por Trazas Vivas se ha convertido en un espacio de encuentro entre vecinos, peregrinos, artistas y agentes locales, culminando en una emotiva celebración espontánea alrededor de la pieza.
Puente la Reina/Gares ya cuenta con una nueva obra de arte nacida de la colaboración y el encuentro. Tras cinco intensas jornadas de trabajo compartido, la artista y creadora textil Idoia Cuesta ha concluido “Eguzkilore aterpea”, una gran estructura tejida colectivamente frente a la Iglesia del Crucifijo, en las instalaciones del Colegio Seminario, dentro del proyecto Trazas Vivas: arte colaborativo, memoria y paisaje en el Camino de Santiago.
Durante los días de creación, decenas de personas se acercaron para participar en el proceso. Vecinos y vecinas de Puente la Reina/Gares compartieron espacio y experiencia con peregrinos procedentes de distintos lugares del mundo, aportando sus manos y su tiempo a una obra que ha crecido a partir de pequeños gestos colectivos. El resultado es mucho más que una pieza artística: es el testimonio visible de una experiencia comunitaria construida entre muchas personas.
La artista fue guiando el proceso de tejido vegetal mediante la técnica característica de sus intervenciones colaborativas, transformando progresivamente la materia natural en una estructura orgánica inspirada en los refugios que encontramos en la naturaleza. A medida que avanzaban los trabajos, la obra despertó la curiosidad de quienes transitaban por el Camino de Santiago, generando conversaciones, encuentros y nuevas incorporaciones espontáneas al proceso creativo.
La clausura contó también con la presencia de la alcaldesa de Puente la Reina/Gares, que quiso conocer el resultado final de la intervención y acompañar a las personas participantes en una iniciativa que ha reforzado los vínculos entre cultura, patrimonio y comunidad.
Uno de los apoyos fundamentales para el desarrollo de la actividad ha sido el del Colegio Seminario de Puente la Reina/Gares, que abrió sus instalaciones para acoger la intervención. Desde la organización de Trazas Vivas se ha querido agradecer especialmente la implicación y colaboración de Pedro Iglesias, director del centro, cuya disposición ha contribuido de manera decisiva a que el proyecto pudiera desarrollarse en un enclave tan significativo del Camino de Santiago.
La jornada final dejó además uno de los momentos más emotivos e inesperados de toda la experiencia. Un grupo de bailarines y amigos vinculados al proyecto improvisó una intervención alrededor de la pieza recién terminada, generando una escena de gran belleza que sorprendió a participantes y visitantes. Movimiento, música, arte y naturaleza se unieron durante unos minutos en una celebración espontánea que reflejó perfectamente el espíritu de Trazas Vivas: crear espacios donde la cultura sirva como punto de encuentro y construcción colectiva.
La obra permanecerá como una huella visible de este proceso compartido, pero también como recuerdo de las relaciones, conversaciones y aprendizajes que surgieron durante su creación. Porque si algo ha demostrado “Eguzkilore aterpea” es que el arte puede convertirse en un lenguaje común capaz de reunir a personas de distintas procedencias en torno a una experiencia colectiva.
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