AMCS 9 octubre, 2018

Estoy con César Tejedor que es peregrino, montañero, aventurero… y estudioso del Camino de Santiago. Varias peregrinaciones y muchas experiencias en el Camino de Santiago le han impulsado a conocerlo mejor, pero desde otro punto de vista: sus documentos epigráficos.

César me ha contado con emoción recuerdos del Camino que le han dejado huella: los que compartió con sus hijos, los más queridos.

Son muchas las familias que se animan a caminar la ruta jacobea en la esperanza de encontrar una oportunidad de cultivar los lazos familiares, pero también de ofrecer a los menores una experiencia constructiva de solidaridad, del valor del esfuerzo y de la satisfacción de cumplir retos.

Seguro que el ejemplo de César puede ser útil a quienes quieren hacer el Camino de Santiago, pero les disuade el tener menores en la familia.

César, ¿tuviste miedo a que fracasara el plan o a que te odiaran por meterlos a andar kilómetros sin cuento, a pasar calamidades con ampollas en los pies…a que la aventura se convierta en pesadilla?

Pues, mira, teniendo en cuenta mi historial de escalada y de montaña no, no tenía miedo. Pensé que iba a ser todo lo contrario -un camino relajado- y me encuentro con que toda la experiencia que había tenido en el Himalaya, en los Alpes, etc. no sirve para nada en el Camino.  El camino es especial, afecta a las personas física y mentalmente: la experiencia es muy positiva.

¿Te sorprendió el resultado?

Sí me sorprendió. Descubrí algo de mí mismo diferente, de mi relación con mis hijos. Lo hice primero con mi hijo mayor que entonces tenía 18 años: fue una experiencia magnífica… hasta el punto de que luego repetí con mi hijo pequeño, que tenía 16 años y estaba en plena adolescencia con contestaciones propias de esta edad, pero que se fueron limando a lo largo del camino y se volvió mucho más maduro.

¿Qué crees que le puede aportar el Camino de Santiago a un adolescente o a un niño?

Lo que te comento, que están en una edad crítica y el Camino les aporta madurez: sin duda, hace que se cuestionen cosas importantes en las que habitualmente no piensan.

Alguna clave para que no nos dejen plantados en el Camino y cojan el primer bus a casa o que se planten ellos y se nieguen a dar un paso más…

Una anécdota que me pasó con el pequeño cuando íbamos a subir a O Cebreiro: se había cogido un rebote conmigo tremendo… Pues yo lo que hice es ponerlo en el disparadero: “lo que te pasa es que no eres capaz de hacer esta subida en tiempo récord”. Y cogió el Camino y ya no lo vi hasta O Cebreiro, arriba, llegó hecho polvo eso sí, pero luego comimos bien y se le pasó absolutamente todo: ¡la subida a O Cebreiro lo puso en su sitio!

La mayoría de los peregrinos experimenta en algún momento, pero sobre todo al llegar a la Plaza del Obradoiro, una emoción intensa… ¿recuerdas cómo lo vivieron tus hijos?

Yo lo que recuerdo son sus caras de asombro y fue así en los dos casos una expresión muy singular y muy parecida. No llegaron a llorar…eran adolescentes… pero sin duda les afectó. Recuerdo sus ojos muy abiertos. Después de tantos días caminando… la propia plaza, maravillosa, del Obradoiro

Con la perspectiva del tiempo, ¿crees que guardan un buen recuerdo de su peregrinación?

Sí el mayor tiene enmarcada la Compostela y el pequeño sobre todo se acuerda de las comidas del Camino: y en concreto, del pulpo. Se está especializando en el cultivo del pulpo: supongo que no tiene nada que ver pero… el caso es que se hinchó a pulpo y lo guarda en el recuerdo.

Y mi experiencia personal con la ruta jacobea ha continuado bastantes años más, siempre el Camino Francés, que es dónde está la cultura, si me apuras, la de España. Hay muchos caminos a Santiago y todos son magníficos, pero yo soy del Camino Francés con sus dos tramos. Del de Aragón, no encajo lo del pantano de Yesa…se tenía que haber hecho de otra manera. La Canal de Berdún me duele en el alma.

Alguna precaución para esos padres que sí se animan a hacer el camino con niños…

No me parece un camino físicamente exigente: puedes planificar las etapas como tú quieras y siempre hay gente en el camino que va a atenderte para cualquier problema que pueda suscitarse (que no tiene porqué…) Yo he visto en el camino a gente con bebés en la mochila… ¿Porque no? Es cuestión de planificarse muy bien y, además, ¡los niños seguro que lo van a disfrutar!

Entrevista de Montse García,  5 de octubre de 2018

 

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