Está situado en la orilla izquierda del río Esca, a dos kilómetros de su confluencia con el río Aragón, dominando la ribera desde un altozano. Aparece en la entrada del alto valle del Roncal, debajo de Salvatierra y de la Foz de Sigüés, verdadero amurallamiento natural.

Historia

Fue villa real, estando incluida en la dote de la reina Felicia de Roucy, segunda esposa de Sancho Ramírez, hacia 1086-1094. Después y hasta 1104, la disfrutaron sucesivamente sus hijos y herederos los infantes Fernando y Alfonso, el segundo también durante su reinado como Alfonso I el Batallador (1104-1134).
Después, fue enajenada del patrimonio real, pasando por las manos de sucesivos señores feudales: Pedro Aznárez (1203), Pedro Cornel (1277), Jimeno Antonar de Birués (1348), Pedro Jordán de Urriés (1348), Raimundo Pérez de Pina (1349). En 1360, pasó a Pedro Jordán de Urriés, mayordomo real mayor y uno de los principales nobles del reino, señor de Sigüés, Tiermas, Ruesta, Artieda, Ayerbe y otros. En 1386, pertenecía a Juana Garcés de Morillo. A finales del siglo XV, el señorío de Sigüés pasó a manos de los Pomar, que poseían desde antiguo la baronía de Javierrelatre y que también recibirán el título de barones de Sigüés y del valle de Rasal. En 1610, el lugar era señorío de Bernardino de Mendoza.

Respecto a su urbanismo, en la población se distingue un núcleo primitivo (siglos XI-XII) situado al oeste y con forma ovalada. En uno de sus lados se ubica la parroquial de San Esteban, románica (siglo XII) rehecha y ampliada en estilo gótico tardío (siglo XVI). Un segundo núcleo, el del castillo, habría sido edificado en el siglo XIII, un poco separado del núcleo primitivo. Estaba situado al norte del pueblo, presagiando los ataques desde la frontera de Navarra, al otro lado de Salvatierra de Esca. De él formó parte la torre-palacio de los Pomar (siglo XV), con acceso con puente levadizo y portalón de arco apuntado en cuya clave se esculpió el escudo de armas con las tres manzanas (pomas) de su enseña. En el siglo XIII, una ampliación urbana afectó al espacio entre los dos núcleos, generando un barrio intermedio. Simultáneamente, los tres núcleos fueron englobados por unas fuertes murallas.
En su término se localizaron las antiguas aldeas, actuales pardinas, de Miramon y Arrienda (Rienda, en la otra orilla del río Aragón, entre Artieda y Ruesta). También se conservan las ermitas de San Juan Bautista y Santa Ana.

Ámbito geográfico

Desde el límite con la provincia de Huesca al este, hasta el de Navarra al oeste; desde lo alto de las sierras de Leire y de Orba al norte, hasta las orillas del Aragón y el embalse de Yesa al sur, se extiende el amplio término de Sigüés. Semejante amplitud es fenómeno reciente producto de la forzada despoblación de Tiermas y Escó, a cuya costa se amplió el antiguo término de Sigüés hacia el oeste.

Sigüés ofrece su hermoso caserío sobre la orilla izquierda del río Esca, cerca ya de su desembocadura en el Aragón presidido por su iglesia parroquial de San Esteban, recientemente declarada Bien de Interés Cultural. El caserío está repleto de edificios de interés, destacando entre ellos la torre palacio de los Pomar (antiguos señores del pueblo) y el antiguo hospital de peregrinos de Santa Ana. El ramal norte del Camino de Santiago entra en el casco urbano procedente de Jaca y atraviesa el río Esca por el puente antiguo en dirección a Compostela. La carretera del Roncal, por su parte, se trazó a finales del siglo XIX por el fondo de la imponente foz de Sigüés, cuyos cantiles aprovechan para nidificar multitud de rapaces protegidas.

Asso Veral es una pequeña aldea, todavía habitada, vinculada históricamente a los condes de San Clemente que tenían su palacio en el recinto alto del casco urbano, junto a la iglesia parroquial.

Miramont es un caserío que dependió de San Juan de la Peña, famoso por su monumental carrasca y atravesado por el camino jacobeo.

Escó, pese a su abandono, está considerado Conjunto Histórico, y está dominado por el solar de su antiguo castillo. El caserío, prácticamente en ruinas, se acomoda en la ladera y, aunque expoliado, todavía es posible admirar las características de su antigua arquitectura tradicional.

Tiermas conserva su maltrecho caserío en lo alto de un pueyo que domina toda la extensión del embalse de Yesa. Sus ruinas muestran lo que fue un pueblo vivo: la iglesia, las escuelas, el ayuntamiento, la antigua cárcel, las viejas murallas… todo hoy en ruina progresiva, a la espera de algún proyecto salvador que lo haga renacer y lo salve del olvido.

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